SINCRETISMO. CONVIVIR EN DIVERSIDAD

Propuesta para el pabellón peruano en la 17ma. Biennale di Architettura di Venezia
Autor: ANDES – Richard Asto Altamirano, Octavio Montestruque Bisso
Año: 2019

El sincretismo es uno de los procesos resultantes de la convivencia prolongada entre dos culturas diversas. Es complejo, dinámico y al mismo tiempo aquel que enriquece con mayor profundidad la cosmovisión y sus representaciones, obteniendo un resultado en el cual aún es posible distinguir los elementos característicos de una y otra cultura. El Perú, a lo largo de su historia, ha tenido muchos episodios de convivencia en diversidad que han impulsado un intercambio dinámico que se refleja en las diferentes manifestaciones de la sociedad, desde las formas de organización del territorio hasta las expresiones artísticas populares.

El retablo es una de las manifestaciones más interesantes dentro de nuestro proceso de sincretismo moderno. Su configuración espacial, que propone la coexistencia del mundo terrenal con el mundo celestial, constituye una forma de convivencia y sus constantes adaptaciones en el tiempo ponen en evidencia el dinamismo de la cultura.

En este proceso de convivencia, los códigos comunes se mantienen y se desarrollan a pesar de que sus significados y orígenes son diversos como en el caso de la cancha y la manzana. Las dos se presentan como módulos espaciales que permiten delimitar el territorio. En el caso de la cancha, su relación con el paisaje define un vacío siempre circundado por muros, mientras que la manzana busca la expansión sobre el territorio y la modulación se desarrolla alternando módulos vacíos destinados a las plazas y módulos llenos, que se subdividen en patios y habitaciones. En ambas extensiones urbanas el espacio interior definido entre los muros se convierte en el elemento en común del proceso de sincretismo peruano.

En la segunda mitad del siglo XX, entre el muro y el espacio, en la arquitectura peruana se genera otro proceso de adaptación debido a la influencia de la arquitectura internacional. La clave interpretativa de este proceso es el recorrido, que se propone como un modo particular de descubrir el interior de la arquitectura. El análisis compositivo evidencia que los edificios se muestran inicialmente como una unidad hermética y, mediante las transiciones espaciales, se revelan una serie de vacíos que deben ser descubiertos penetrando en la masa. Las líneas de desplazamiento generan secuencias que se pueden comparar con el interior de la manzana o con el interior de un complejo prehispánico, reflejando la ciudad en la arquitectura y utilizando la memoria colectiva como elemento de reconstrucción de la tradición.

Las piezas seleccionadas para la muestra reflejan el dinamismo de la cultura peruana como una excusa para provocar el pensamiento, para olvidar las diferencias a pesar de reconocerlas, para generalizar las referencias a pesar de explicitarlas, para comprender la tradición, para abstraer la cultura, reinterpretarla y convertirla en arquitectura.